Orfeo era un músico cuya mujer falleció. Se le prometió que volvería a la vida se él moría antes y no echaba la vista atrás hasta pasar las puertas del infierno. Dudó, miró y finalmente su mujer murió.
El orfismo (siglos VII a VI a. de C.) es una secta que pone en duda la religión oficial de Grecia. La creencia de sus seguidores es que el ser humano está compuesto por el cuerpo y el alma, siendo esto último algo indestructible y que es premiado o castigado después de la muerte. El hombre debe tener una vida pura para llegar a la salvación. El cuerpo no es más que un “traje” (o incluso una tumba) que contiene el alma. Al llegar la muerte, el alma es compensado o castigado, y se puede incluir reencarnaciones. Las reencarnaciones sirven para alcanzar la purificación definitiva y reintegrarse en el ámbito divino.
El proceso de purificación puede ser largo, por lo que habría varias transmigraciones del alma. El alma puede ir a parar al cuerpo de un animal, y por eso no se debe herir a uno, ya que podría ser una “persona”.
Cuando mueren, las almas deben saludar a los dioses de ultratumba de un modo concreto (según indican las laminillas con las que se entierra a los fallecidos) para poder entrar en el Hades.

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